15/11/08

DIA MENOS TRES (VI)

ONCE

VI
Leon protagonizaba el oficio principal del día, el resto lo dejaba en manos de los subalternos. Elevó la voz por encima del murmullo contínuo de las confesiones y los gritos de los penitentes que surgían de las estancias adyacentes.
- El creador nos hizo a su semejanza. Demosle las gracias.
- Gracias – La palabra emitida por los feligreses era como un zumbido. Ellos estaban allí por las formas y todo aquello era como un molesto ritual a seguir.
- El creador nos dió su esencia. Démosle las gracias.
- Gracias – Leon hacía aquello con desapasionamiento. En los primeros tiempo sudaba, gritaba, enardecía con sus proclamas, cuando era un auténtico juego y reto. Pero, como todo, acabó convirtiéndose en un eterno retorno. Las nuevas substancias introducidas en las formas eran cada vez más potentes. Y se necesitaba menos energía para obtener la misma respuesta.
- El creador nos contagió con sus nanos, nos hizo uno gracias a su sacrificio. Demosle las gracias.
- Gracias.
- Es por ello que nos hemos reunido aquí hoy, a esta hora, para devolver su sacrificio al creador, para hacernos uno con él y que nos identifique como parte suya. Queremos que el creador nos conozco, que sepa que estamos aquí.
- Amen.
- Nosotros somos parte del creador, no el creador parte de nosotros.
- Amen.
- Estamos aquí a esta hora, para confesar nuestros pecados y lograr la absolución. ¿Quién quiere dar su ser al creador?
- Todos – Aquí la gente comenzaba a levantarse, todos querían ser los primeros en tomar las formas.
- Volvamos a su seno. Ocupar vuestro lugar en su interior.
- Amen. Amen…
Leon bajó los brazos dejando paso a los hermanos que bajaban del púlpito con las cajas de las formas. A veces Leon observaba los oficios desde el piso superior y le seguía maravillando la extraña coreografia que tenía lugar: Los hermanos descendían hacia la nave principal, vestidos de blanco resplandeciente con las togas flotando tras ellos; mientras, las colas ordenadas de feligreses avanzaban serpenteando hacia ellos, con sus manos extendidas para colocarlas en los nanoderos que colgaban del pecho de los hermanos.
Eran tan solo unos pocos cientos de nanos a cambio de una forma que temporalmente les absolvería de sus pecados, de sus deprimentes existencias.
Leon vió los primeros síntomas: Como las formas se disolvian, liberaban su contenido e interactuaban con los nanos, generando las visiones que cada día llevaba más gente hasta allí. Siempre habia tenido curiosidad por saber cuales eran los efectos, pero hasta el momento se habia abstenido de probarlo. Se conocía bien y su naturaleza adictiva le pediría más. Por el momento prefería seguir con los pies en la tierra. Los feligreses volvieron a sus bancos notando como la forma se disolvía en su interior y acababa con su individualidad. Algunos de ellos, los mas osados, no volvieron a su lugar sino que caminaron hasta la zona de los penitentes. Se desnudaban total o parcialente, y con los brazos en cruz pedían a los hermanos del latigo que les azotasen. Sus gestos de dolor, sus gritos, se colgaban del aire, empápandolo como la lluvia.
El olor a sangre y sudor, a la cera de las velas y a los fluídos corporales que se perdían durante los extasis flotában sobre todos ellos.
Leon levantó los brazos, el silencio imperó en el lugar. Su susurro fue perfectamente audible.
- Está aquí, con nosotros. Notadlo en vuestros cuerpos, deslizándose por vuestra sangre. Dejadle paso… No os negueis.
Hasta los penitentes recibían en silencio los latigazos que puntuaban el momento.
- Desciende hacia arriba, baja hacia lo más alto. Brilla en la oscuridad y oscurece la luz.
Las luces se apagaron. En el interior, sellado a cal y canto, descendió la oscuridad absoluta.
- Ahora somos todos uno. Ahora somos el creador.
Pudo ver que algunos de los feligreses caían al suelo. Los hermanos los retiraban discreta y silenciosamente. Aquellos que morían en medio del extasis eran liberados de sus nanos y tirados al rio.
- Es la paradoja hecha realidad.
Las formas actuaban siempre de forma distinta: Hacía hablar a la gente en dialectos extraños y desconocidos; otros se veían a si mismos en otros lugares y ciudades desconocidas; otros soñaban con un mundo bajo la luz del sol. Para los que morían en el extasis era la culminacion de una vida.
Estúpidos, penso Leon, que estúpidos sois.
Tras el oficio pasó por sus habitaciones. Joana le quitó la tunica empapada en sudor y le hizo pasar al baño, donde le enjábono mientras acariciaba su cuerpo.
- He llamado a un taxi para que te lleve a tu cita – Dijo ella mientras levantaba uno de los brazos de Leon y enredaba picaramente sus dedos en los pelos del sobaco de Leon.
- Muy bien, eres una pupila muy obediente.
- Dejarás que te acompañe.
- Hoy no. Otro día tal vez.
- Pero, yo quiero acompañarte alguna vez. Nunca he estado y…
- Te he dicho que otro día – Joana hizo un mohín. Leon suspiró interioremente. Ya había vivído aquello: Las pupilas se creían únicas en su vida y actuaban como mujeres celosas, queriendo más promesas de las que estaba dispuesto a conceder. Era en esos momentos cuando las ofertaba quedarse en la iglesia viviendo como un hermano más o que la llevase a cualquier orilla escogida y la dejase allí. La hizo la pregunta que determinaría su permanéncia:
- ¿Quieres irte, Joana? ¿Acaso no eres feliz aquí, conmigo?
- Si, pero…
- Chisst, mi querida; disfruta de lo que se te ofrece.
Le acarició el pelo y la obligó a entrar con él en la bañera. Joana se quitó la ropa mojada. Comenzó a besarla, luego se puso sobre ella y mordisqueó su cuello.
- Leon..
- Qué.
- Quiero volver a tomar las formas, quiero ayudar en la iglesia.
- ¿Por qué?
- Desde que estoy contigo siento que me falta algo…
Leon se movió al lado opuesto de la bañera y el agua saltó al exterior en una oleada.
- Tienes todo lo que te puedo dar, Joana.
- Si, pero me tienes aquí todo el dia aislada. Antes hablaba con la gente, ayudaba y ahora me has convertido en una inútil - Leon salió de la bañera y se envolvió en una toalla. Joana salió tras él, empapando el suelo - Los hermanos ya no me hablan como antes. Estar aquí, contigo, me hace sentir como si ya no fuera parte de ellos.
- Ya no eres parte de ellos. Lo sabias cuando te metiste en mi cama y te convertiste en mi puta particular. ¡Vistete! – Joana se sintió cohibida por la rápida brusquedad – ¡He dicho que te vistas! - Joana recogió sus ropas mojadas y se tapó con ellas - ¿Quieres tomar las formas? Tómalas. Pero yo no quiero drogadictos en mi cama. Es lo unico que te he pedido siempre a cambio de esto - Con un gesto de mano abarcó las habitaciones que les rodeaban.
Leon tiró la toalla al suelo e indicó a Joana que la recogiera. Esta lo hizo.
- Voy a vestirme y salir. Cuando vuelva, no quiero que estés aquí. A partir de ahora ni me mires cuando nos crucemos.
- Leon, yo te quiero, pero necesito…
- Tú no me quieres. Y yo tampoco.
Leon salió sin mirar atrás.

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