15/11/08

DIA MENOS TRES (IV)

II


Dieter dormía plácidamente cuando comenzó a sonar el teléfono. Soñaba con el hombre y la mujer abrazados en el suelo, llenos de vida y alegría. El telefono seguía sonando. Escuchó, lejana, la voz de Rosita contestando. Luego escuchó sus chanclas flipflopeando hasta llegar junto a la cama.
- Dieter – Susurró Rosita – Es el Viejo.
- Dile que estoy hecho polvo.
- Ya le has oido: Está hecho polvo. Ha venido muy tarde de sus negocios. Vale. Yo le digo. Hasta luego.
Rosita colgó. Dieter refunfuñó en la cama.
- Qué quería el viejo asqueroso.
- Preguntar si habías conseguido algo esta noche. Ordenó que bajaras en diez minutos, quince como mucho.
- Qué pesado es. Quiero dormir un poco más.
- No y no. La pereza es el principio de la muerte.
- ¿De dónde te has sacado esa chorrada?
- Yo que sé. Son cosas que se me ocurren. Dieter, cariño, vivimos del Viejo. Si el dice que bajes, tienes que bajar.
- Si el Viejo quiere que salga en busca de sus “cosas”, que tenga un poco de cuidado conmigo.
Dieter, de espaldas a Rosita, escuchó como ella suspiraba y se quitaba la ropa, apartaba las sabanas y se metió junto a él en la cama.
- Dios, que calor das.
- Aun puedo dar mas calor – Dijo Dieter dándose la vuelta y abrazandola. Rosita correspondió al abrazo y le atrajo hacia sí.
- ¿Estás caliente?
- Si. ¿Y tú?
- No tanto, pero así te despierto.
El aliento de Rosita olía a café y sabia a cigarrillos. Rosita sabía manejar muy bien la lengua, primero en la boca de Dieter y después en el resto de su cuerpo. Fue un encuentro sexual rápido. Lamidas, roces, penetraciones y cabalgadas rapidas en un orden prefabricado con la intención de devolver a Dieter al mundo de los vivos. Al terminar, con la nariz de Rosita metida en su sobaco, Dieter miró los omoplatos morenos de Rosita.
- ¿Has pensado alguna vez si te gustaría morir en mis brazos?
- ¿Qué?
- Crées que algún día moriremos juntos.
Rosita se apartó de Dieter sentándose en la cama.
- Siempre que vienes de allí me dices unas cosas muy raras. Tal vez debería acompañarte algun día.
- No. Ni se te ocurra - Dieter lamió el rastro de sudor que bajaba por la espalda de Rosita – Eso no es para ti.
- Si, claro. Sabes que yo era la que hacía esos trabajos para el Viejo antes de que te reclutase. Puedo volver a hacerlo en cualquier momento.
- Lo sé. Es sólo que…
- Dieter. Que me tengas en tu cama todas las noches, que te haga la comida, te lave la ropa… No significa nada. Mis calibraciones de disparo son mejores que las tuyas y soy yo la guardaespaldas del Viejo, tú sólo eres un camello de tres al cuarto.
- Vale. Entendido. Sólo prométeme que te morirás abrazada a mí si aún seguimos juntos cuando…
- Prometido. Vamos, levántate y duchate, que hueles a todo. El Viejo te espera.
- El viejo. El viejo. Que rollo de viejo.
Subió los dos pisos hasta el laboratorio del Viejo. Cuando abrió la puerta le encontró metido hasta la nariz en una simulación llena de colores.
- ¿Qué es eso?
- La matriz de un nano corrupto. Su programación es fascinante. Mira – Activó una pantalla táctil y fue separando gropusculos codificados - Aquí tienes un conjunto de virus en lucha por reescribirse los unos a los otros. Es tan complicado desenmarañarlo como una selva tropical
- ¿Una qué?
- Cómo fue la caza esta noche.
- Bien. Conseguí dos especimenes – Dejó las dos capsulas sobre la mesa – Aunque cada vez hay menos gente en los extremos… Es como si alguien se los llevase.
El Viejo se abalanzó sobre las capsulas y las contempló al trasluz.
- Es un color tan hermoso... Quien diría que está lleno de la semilla del mal.
- Además, creo que los proveedores empiezan a pensar que el pago es escaso. Gringo me ha puesto mala cara.
- Gringo tiene los días contados. Un día de estos mandaré a Rosita para que le de una dosis mortal.
- Preferiría que Rosita no fuera allí. Es demasiado…
- No hay ningún “demasiado” para Rosita. La tienes en un altarcillo pero no es una virgen.
El Viejo llevó las capsulas hasta el deposito y las crioenterró; a cambio sacó unas cuantas ampollas de liquido ambarino.
- Aquí hay para varias dosis, te bastará para esta noche.
Dieter calculó que, cortandola adecuadamente con suero, conseguiría más dosis de las pensadas por el Viejo. El beneficio para él sería más que considerable.
- Se hará lo que se pueda.
- Tambien te he dejado por ahí una lista con las cosas que quiero que me traigais – El Viejo señaló el caos de papeles sobre una de sus mesas.
- Podrías mandarnos un paquete con los datos. No me gusta que la gente vea un papel.
- No derrocho mis nanos con tonterías de esas. Has crecido con los nanos aquí – Dio un par de golpecitos en la frente de Dieter – y no eres capaz de mear sin utilizarlos. Ese es un problema muy común aquí dentro, que no teneis capacidad de pensar como es la vida sin los nanos.
- Ya me lo has contado mil veces, gracias – Atajó Dieter con brusquedad.
- Y Mil veces no me has escuchado. Cargate de nanos antes de salir.
Era una forma como otra cualquiera de ordenar a Dieter que saliera de la habitación. Dieter obedeció en silencio, aunque la ira le quemaba por dentro.
En cuanto Dieter salió de la habitacioin, el Viejo pensó que debía hablar con Rosita sobre Dieter, sobre si se había tomado demasiadas libertades.
Tal vez fuera el momento de reprogramarlo; o de eliminarlo y sustituirle.
En la pantalla giraban las programaciones víricas del nano estudiado. El Viejo lo observó. Aquel era su verdadero mundo, y no el que le rodeaba.

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