15/11/08

DIA MENOS TRES (III)

III


Siendo asunto oficial, y teniendo en cuenta que su recuento de nanos aun ofrecía un positivo bastante alto, Germain tomó un ricksaw hasta la zona donde vivía Martin.
- Dónde vamos, Jefe – Preguntó el taxista.
- Al edificio 54 de la calle Estrago.
- Ufff- Silbó el taxista, un hombre delgado y peludo vestido de negro y lleno de sortijas y cadenas de oro – Eso es fuera de los primeros canales, tendré que subir el tanto por ciento de nanos.
- ¿Cuánto, por decir un casual?
- Pues casualmente como un 10 por ciento sobre el total.
- Y una mierda. La calle Estrago está dentro de la zona uno.
- Pues ya puede ir bajándose.
- Mira, soy policia y si quieres yo me bajo y luego miramos tu contador. Igual está ajustado y no eres un puto timador, o igual está desajustado y te meto un paquete que te cagas, ademas de un buen par de hostias.
- ¡Marchando al edificio 54!
El taxista comenzó a pedalear sumergiendoles en la densa carotida que se alejaba del edificio del ministerio. Los primeros minutos Germain miró por la ventanilla. Estaba acostumbrado a moverse en subterraneo y hacia mucho que no paseaba.
- Y qué le lleva a la calle estragon, Jefe. Sabe que es una zona con una reputacion de mierda. ¿No? Con todos esos intelectuales y activistas y supuestos artistas.
- Asuntos de la policía, asi que ajusta bien la cuenta porque quiero una nota.
- Una cosa es una cosa y otra la amenaza gratuita.
- Tiene razón. Vamos a dejar de hablar, tengo cosas que hacer.
El taxista gruñó como respuesta. Germain desplegó el menú de conecta2 y observó el parpadeo del mensaje de Martín. Lo abrió y se desplegó un archivo adjunto que pasó por el scanner: Era un archivo cifrado pero limpio. Lo abrió. Pidió su número de identificación personal. Germain lo activó.
Pregúntate esto: Quién nos gobierna. Quién les ha elegido. Cómo se llama nuestro lider”.
Era un mensaje sin pies ni cabeza. ¿Qué cojones quería decir Martin? Reconoció que se sintió ligeramente defraudado: Esperaba un mensaje de disculpa por la forma en que se había comportado las últimas veces que se vieron. Intentó seguir el rastro del mensaje desde el envio. Estaba bloqueado tras varias barreras. Martin, como siempre, prefería no dar la cara directamente.
El taxi dió un frenazo que casi lanzó a Germain por encima del taxista.
- ¡Me cago en…!
- ¿Qué pasa?
Un grupo de gente frente a una barricada montada en medio de la calle. Dos mujeres con los pechos al aire sostenían una pancarta. A Germain le pareció logico: Estaban acercándose al barrio de Martin y todo se contagiaba. Cuando salió del coche escuchó la voz de la mujer, quedándose afónica por momentos. Leyó la pancarta: Hay que admitir refugiados. Oh Dios, pensó, qué pesados estos concienciados de mierda.
- Ellos están dando su vida por nosotros y nosotros qué hacemos.
- ¡Nada! – Gritaron al unísono las mujeres de los pechos al aire.
- Nos mandan comida, bebida… nos alimentan! ¿Y qué hacemos nosotros? Les impedimos la entrada. El gobierno les prohibe la entrada.
- ¡Les prohibe la entrada! – Gritó una de las mujeres mientras la otra permanecía callada. Posiblemente tenía una comunicación interna. El Taxista bajó de su bicicleta.
- Tienen un buen reclamo: Hay que ver las tetas que tienen esas tías.
Todo era tristemente tranquilo: Los curiosos apenas llegaban a veinte personas que fumaban y charlaban, y que estaban allí mayoritariamente por ver las tetas a las mujeres. Germain decidió dejar el ricksaw y pasar caminando por un lado de la barricada.
- Vamos a ajustar la cuenta- Dijo al taxista.
- ¿Pongo algo de propina?
- Que menos después de tu intento de timarme.
El taxista volvió al ricksaw y Germain llamó al acceso directo con AdvocaTEC.
- Dios, que pesado eres. Si es por lo del paquete de actualizaciones ya lo he mandado.
- Siempre he pensado que eres un hombre cumplidor. ¿Has visto esto? Una manifestación ilegal.
AdvocaTEC analizó las imágenes.
- Buenas tetas tienen esas dos.
- Hazme un favor: Abre un poco el enfoque y observa la pancarta.
- Joder que pesados. ¿Qué les dan de comer a estos? ¿Conciencia? ¿Moral?
- Tiene pinta de haber sido montada espontáneamente. Igual ha sido una cena con exceso de alcohol y drogas que se ha alargado y acabado de esta manera. Fíjate que la pancarta son dos sabanas pegadas entre sí.
- Ya. Y el reclamo dos tías en bolas.
El taxista llegó con la nota y el nanometro. Germain la estudió, firmó y añadió mil nanos de propina. El gesto de “agarrado” del taxista no le pasó desapercibido, pero lo dejó pasar.
Volvió a su comunicación mientras ponia la mano sobre el nanodero. El flujo de nanos comenzó instantáneamente.
- ¿Mandas un equipo o lo dejas pasar?
- ¿Tu qué harías?
- Mandar un equipo y actuar haciendo muuuucho ruido. Bastante sensible está todo el mundo con que la policía no hace nada. La gente odia a los aperturistas, aunque sean unos don nadie como estos, y si saben que nos preocupamos por erradicarlos…
El taxista habia terminado con el recuento de nanos y, sin despedirse, se metió en su vehiculo y dio media vuelta.
- Pues mando un equipo y que me detengan a todos. Yo quiero ver esas tetas de cerca.
- Ya me imaginaba que te interesaría el tema.
- Venga, corta y dejame en paz.
Germain se acercó a la barricada. Era media mañana. Los pobres diablos habían elegido una mala hora para su miniconcentración: Ya habían salido los que trabajaban fuera del barrio. Y poca gente iba a entrar, desocupados generales o drogadictos en tránsito a sus negocios en el cerco externo de la cupula. Conforme se acercaba, le interceptó un hombre moreno con gafas de sol en la cabeza.
- Señor, perdone. Le gustaría darnos su firma y unos nanos para apoyar nuestra causa.
- Un equipo de la policia está en camino para deshacer la pancarta y romper unas cuantas cabezas. Sobre todo van a por las chicas esas de las tetas al aire.
El moreno se apartó como si Germain desprendiera descargas eléctricas. Germain se alejó internándose en el barrio de Estrago siguiendo uno de los canales. Desde allí se podia ver el inicio del descenso de la superestructura de la cupula, ese entramado laberíntico de remaches, vigas, acero y cristal.
Cuando vivía en aquel barrio le habían contado que los días sin nubes programadas, se podía entrever la luz del exterior. Pero jamás lo había visto y, sospechaba, con toda la mierda toxica que flotaba al otro lado y que se posaba sobre la cupula jamás se vería.

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